miércoles, 14 de enero de 2015

¿He dicho Vanessa? No, no, Kim


Como me gusta cumplir mi palabra, aprovecho los últimos minutos del día para rendir prometido tributo a Kim Bassinger, ut dicebamus heri. Una señora que, por la pasta que ganó, debe andar bien dotada de tributos, y desde luego de atributos. Lo cual me recuerda que ya de pequeñito (fui pequeñito, lo prometo, algún día os lo demostraré) me parecía una guarrada lo del “atributo”, máxime cuando se le relacionaba necesariamente con un sujeto a través de verbo copulativo. Ahí es nada. O sea, a mí me parecía que el atributo era el sujetador de la cópula, y si la cosa iba de subordinadas y yuxtapuestas, os podéis imaginar el calentón del chavalito aquel de 7º de EGB, y por qué sacaba sobresalientes en Lengua (con minúscula vino más tarde), y por qué me ha venido a la memoria hablando de Kim. Que para vosotros será la Bassinger, pero a mí, de tanto colárseme en sueños, pues ya le tengo confianza. Ella a mí no. No me extraña.

El caso es que Kim y yo tenemos muchísimo en común. Rubias y con pelo largo, pero sobre todo compartimos un culo y unas pectorales de escándalo: véase la primera entrada de este blog, o sea, el blog first post, yeah, que lo demuestra sin potochó ni nada. A Kim le tocó hacer de prota femenina (y por tanto se llevaba la peor parte, claro), en un filme que en su momento, 1986, fue un escandalazo que te cagas, que rasgó las vestiduras de medio mundo occidental y tres cuartos del oriental, que supuso mil y una condenas morales… y que hoy se emitiría sin problema en el horario de parvulario para 0 a 3 años. Lo censurarían en cualquier otra franja por peli ñoña.

De aquel videoclip publicitario de los ojitos de Rourke y de las partes en las que competimos Kim y yo (pectorales y culo), de hora y media larga de duración para mayor gloria de Joe Cocker, pero que parecía que duraba realmente nueve semanas y media de lo laaaaaaaargo que se hacía (o al menos eso deduje yo de los constantes movimientos masculinos en las butacas), pues me quedo con la escena final. Yo soy así de raro. Qué cubito de hielo ni qué leches. Qué escena de la nevera ni qué flores ni qué you can leave your heat on. La escena final.

En la que el Rourke acaba diciéndole ‘te amo’ a una puerta, mientras la rubia (y por tanto tonta) se le larga y le deja con un palmo de narices al chulito de ojitos y sonrisita y pasta (también de dientes, y blanqueadora, fijo) a mansalva. Sí, señora, Kim, di que sí. Rubia, tonta, y güenorra. Y perdedora. Pero pierdes hasta cuándo, dónde, y con quién te dé la gana.

Y diréis: “Hombre, es una visión muy peculiar”. Y os diré: “Sí, pero este blog lo escribo yo, ¿qué cojones pasa?” Y además, siempre he estado con el bando perdedor. Fanático del Celta, lector omnipresente y hooligan de Iván Rodríguez y su magnífico blog, y sempiterno amante en la sombra (por la noche hay sombra en mi habitación) de mi competidora de culo y pectorales. Así que viva la Kim y la madre que la parió. Y al Rourke, que le ame la puerta.

Por la cosa esa de las leyes y los autores y las cacas varias que protegen los derechos de las multinacionales (de nadie más, que no os engañen), espero que no me enchironen por enlazaros esta página americana en la que vierten la peli entera, que escucharla subtitulada al panchito da una risión que te cagas. A partir del minuto 106 se ve la escena final a la que me refiero:


Si vais de intelectuales cumplidores de la Ley y preferís ver sólo la escena, en original, sus enlazo el Yotube


Y si pasáis de verla, que no me extraña, pues os dejo el desnudo del día, que no podía ser otro que el de Iván, que se coló en el rodaje :D

Y puede que la cara sea de Iván. Pero quede claro: el culo es el mío.

martes, 13 de enero de 2015

Prepárate, San Pedro

Hay un tipo que acaba de subir al cielo y que, nada más llegar, ha puesto una reclamación a San Pedro. Primero, por no perder su costumbre de defender los derechos de los consumidores (“¡¡y usuarios, aunque no consuman!!”, le oigo gritar), y segundo porque habrá descubierto seis o siete normativas de calidad que se incumplen. Por ahora sólo eso, que todavía no le han dejado revisar los contratos del personal. Y espérate que no se descubra que el cielo está en la Unión Europea, que los europeos somos muy de asumir marrones que te cagas aunque parte del territorio lo tengamos okupado desde el 73. ¿Que no? Mirad, mirad un mapa de la supuesta República de Chipre y ved como en un tercio de su territorio no hay más ley que la que marcan unas autoridades locales que nadie en el puto mundo reconoce. Ya, no se les reconoce pero ahí están, desde el 73, y lo que te rondaré morena. Ay, Europiña, qué tonta que me eres. Pero tonta, tonta. Y creída. No daré nombres. Ejem (¿Estaba hablando de Europa, verdad?)

El fulano en cuestión es un tipo que dio la lata a las autoridades todo lo que pudo en vida, y que le va a joder la existencia a los ángeles custodios, a los ángeles caídos, a los ángeles de la guardia, a los ángeles de San Rafael, a los Ángeles de California, y a los ángeles de Charlie. Que de tanta lata que les va a dar, los ángeles volverán a tener sexo. A ver si así les deja en paz un ratito. Mira, ángeles con sexo. Otro motivo para agradecer a Juan Carlos Ulla que se me haya adelantado unos añitos. Porque un cielo asexuado… A ver… No me quiero poner exigente, pero como que no.

Juan Carlos Ulla era un tipo todoterreno que, como buen todoterreno, le iba el monte y el mar y los caminos y los senderos y lo que le echasen por delante, porque se dedicó a exprimir cada segundo de ese don que aún no hemos aprendido a valorar y que se llama tiempo. Tiempo para amar, tiempo para observar, tiempo para construir, y tiempo para compartir. Y si puede ser todo junto, pues mucho mejor. Que nos perdemos en estupideces cotidianas y olvidamos que cada átomo de tiempo (técnicamente llamado ‘segundo’, debe de ser porque ya nadie se acuerda de cuándo fue el primero) es uno menos que nos queda de aliento. Y como si supiera que la iba a palmar pronto, mi amigo se dedicó a vivir todo lo que le dejaron. Y cuando no le dejaban, reclamación.

Así que hoy no os hago perder más átomos valiosos. Si queréis adelgazar átomos en general, pagad un gimnasio, rácanos. Y si queréis perder átomos de tiempo, veis la tele: así, de paso, puede que lleguéis a perder neuronas y os convirtáis en rubias. Por cierto que eso me recuerda que le debo un homenaje a Kim Bassinger, mañana mismo sin falta (me refiero a homenaje literario, porque hace tiempo que no la llamo y lo mismo se extraña si le pido un homenaje).
Me vais a perdonar este pinchazo en la tercera entrega. Hoy no me sale nada mejor porque la ausencia de un amigo duele, daña, araña y pesa, piedra, papel y tijera, y porque le debía un cántico, un panegírico, una égloga… y una reclamación. Ah. Ahora que lo recuerdo. También le debía 45.000 euros, pero eso es tontería.

Prepárate, San Pedro. Te vas a cagar.



(In memoriam)

viernes, 9 de enero de 2015

Llamadme Vanessa

No os creáis que esto va a seguir así, un jijiji permanente por el morro y a golpe de diario. Que las que me conocéis bien, incluso bíblicamente, ya sabéis que en general nunca acabo lo que empi

Perdón, he ido al tocador a emperifollarme. Al menos lo segundo. Digo que esto no seguirá así, de hoy en hoy y a diario, pero es que hoy en el diario de Lugo, página 2 lindamente titulada “Lugo/Sexualidad” (¿inteligencia militar?), aparece una noticia que me ha llegado al corazón. El escaneado es espantoso. De Comunicación de la Xunta, cómo va a ser:
Y lo mejor, el paquete accesorio. A ver. Estoy hablando en términos técnicos. Paquete informativo. Ya me ha quedado claro, queridas lectoras, que a este blog acudís en busca de otros paquetes, pero esperaos un poco, caramba. Uy. ¡Caramba! Mira qué cosas me hacéis decir…
Ahí le has dao, Lugo/Sexualidad. El único caso conocido en todo el planeta mundial galaico se da en Lugo, de la misma manera que en un pueblo de la banlieu de Coruña se creó el único registro español de uniones de hecho, creado para que dos hermanos pudieran compartir la patria potestad de sus respectivos hijos. Uniones, que no parejas, lo cual me anima a planteármelo por fin con algún animal que no relinche ni pida regalos por su cumpleaños. ¿Conocéis alguna oveja frondosa que quiera compartir sofá?
Los galicianos somos así. Lo mismo nos teletransportamos al siglo XXIII y planteamos con total naturalidad y alevosía la revolución sexual al año y medio de vida, que somos capaces de matar porque pretendes usurpar un centímetro de MI territorio. Lo del centímetro no es exagerado. En una ocasión en que me atrapó un atasco de 5.672 quilómetros entre una parroquia y otra de Rianxo, con la total aquiescencia de las autoridades competentes (?), pude comprobar cómo una vecina, sacho en ristre, abría seis o siete cejas a un vecino por moverle UN centímetro el linde de la finca. Le abrió la cabeza sin contemplación y, con los sesos al aire, el pobre incauto tuvo que declarar ante la Benemérita, que acabó de abrirle el resto de las vísceras. Que a los picoletos el atasco se la traía al pairo, pero que alguien muevas un linde, hasta ahí podíamos llegar. Tú mueve un linde y te caen encima el helicóptero de los GEOs, las tanquetas de las COEs, los beltzak de la Ertzaintza, el Séptimo de Caballería, el Afrika Korps, y espérate que no firmen un convenio de colaboración con el Isis y te jodan vivo, capullo, ¡mira que mover un linde!
La cosa es tan seria que para cartografiar el medio rural galiciano, los topógrafos tenían que ir custodiados. Y esto sí que va en serio. En más de una ocasión hubo que importar peña, pobrecilla, que huyó despavorida al primer levantamiento de sacho. Hecho el recuento, creo que tocamos a 4.572 leiras por cabeza, a razón de 3’25 milímetros cuadrados cada una. Y qué. Si te quieres cambiar de sexo al año y medio, es cosa tuya, Sariña, o Manolo, como te llames. Pero un linde é un linde, e se non o entendes, mellor que te quedes na túa casa, mamalón.
Aunque he de reconocer que a mí lo que me preocupa de todo este caso son las declaraciones de los padres: “Se nace transexual”.  Ay, madre. ¿Y si en realidad soy Vanessa? Voy a probar a ver…

Una aclaración: Hay quien asegura que es un fotomontaje. Nada más lejos de la realidad. Es un corta y pega de toda la vida. Y en Paint. Yo nunca acabo lo que empi


Soy un recordman mundial. Yeah!

Atribuyen a Mark Twain el parto “Dentro de 20 años te arrepentirás de lo que no has hecho, no de lo que hiciste”, y como yo a ese señor le tengo respeto y hasta cariño -seguramente porque me dormí naciendo y llegué tarde para conocerle-, pues comienzo hoy lo que debería hacer dentro de 20 años, no vaya a ser que para entonces esté aún más calvo. Y empiezo con su cita este mi bloc virtual o blog, que si estuviera tallado en madera noble, o lo escribiese Cela, sería un bloj. Pero lo vamos a dejar en blog, que tampoco es cosa de empezar polemizando, que yo soy de poco polemizar en general, aunque estoy dispuesto a hacer una excepción contigo, imbécil.

No me resisto a aclarar que a mí la frase del amigo Mark me parece un truño de tomo y lomo, porque si un asesino confeso, después de 20 años en el trullo (por favor que alguien recalque la estéticamente dudosa aliteración truño-trullo), resulta que no está arrepentido, lo suyo sería reenviarlo, cual mail cadena, á cadea. Y esta aliteración es todavía más patética, lo cual demuestra qué poca razón tenía Twain: sin duda alguna, dentro de 20 años querré meter mi cabeza en el subsuelo antes de que alguien lea estas líneas llenas de un pretendido sarcasmo ingenioso, ingeniadas por un pretencioso canasto. Lo sé. Canasto no pinta un cojón aquí. Pero es lo único que pegaba. A veces, la estética nos arruina una buena frase. Es más, a veces una mala foto puede arruinar un buen texto… También lo sé: no es el caso.
El caso es que me desnudo ante Dios (que todo el mundo sabe que es mi adorada Paula Abraldes), y ante vosotros hermanos, por vez primera, y tengo la misma sensación que la primera vez que hice nudismo. Flooooop, a toda prisa bañador al suelo y si te he visto no me acuerdo. Si existiese la categoría olímpica de DVA (Desnudez a Velocidad Astronómica), ostentaría el récord mundial desde que un buen día, en la insigne Praia do Castro de Baroña, el mundo pudo ver mi pilila durante el largo espacio de tiempo que corresponde a 0’0 elevado a menos 10 000896 micras de segundo. Había juez japonés corroborando el crono. Inauditamente veloz. Creo que Higgs dejó de buscar el bosón ese día y se dedico a los blusones, o al blues, no lo sé, yo soy más de Twain y Abraldes, sobre todo de la segunda. En fin, que me hubiera ganado con justicia un récord mundial, pero como en Atenas están a lo que están, mayormente a librarnos de la Merkel por la Gracia de Dios (Paula, tardas), pues se han olvidado de lo mío, de reconocer la DVA como disciplina olímpica.
Así que aquí estoy, leidis an llentelmen, madam e mesié, dispuesto a hacer el ridículo vía internet, que de hacerlo al natural ya estoy aburrido. Y la ventaja será, además, que esta vez no me voy a quemar el culo.
Va por ustedes, que por la patria me da risa.